Mami.

Salvo en obras literarias, reconozco que siempre me sorprende cuando alguien se refiere a “Mami” para hablar específicamente de su madre. Pero es que Mami para mi es mi mamá, no la tuya…o la tuya. Por eso a ella, a mi mamá, cuando hablo con ella le digo Mami o, más común, la llamo por su apodo familiar.

Es decir, entre ella y yo, ella es Mami. Fuera de nuestra relación especial y única por naturaleza, ella es mi mamá.

Sé que es uso y costumbre lo de “Mami”, pero la ironía es que por ser un vocablo tan utilizado y a la vez tan genérico lo que se logra en tales casos es un tipo de abismo: la otra persona acapara lo de “Mami” y al hacerlo solamente hay una madre en el mundo: la de él o ella, algo que solamente tiene sentido para esa persona. (Lo mismo se suele hacer en inglés cuando en vez de decir “my mom”, alguien dice “Mom.”)

Y como hoy es día de las madres saco a relucir esto de “Mami” porque, aparte de la ironía mencionada, resulta que cada madre es individual, diferente y con sus propios méritos de carácter. En cierto modo, mi sorpresa (¿o será preocupación?) se relaciona también con la manera en que se idealiza y se idoliza a la Madre a tal extremo que se le niega su humanidad, su propia identidad como persona, ya que cada madre que tiene que ser mucho más que madre para poder lidiar con todos los retos de la maternidad. Esos retos no son para ser reducidos a una mera tarjetita con algún mensajito embadurnado de sacarina.

Me gusta hablar con mi mami y conversar con ella, conocerla tal y como es, saber más de cómo ha sido su vida.

Mi mamá es la menor de cuatro, nació en Peñuelas y se crió en Yauco. Fue la que una vez mi abuela quiso regalar a otros miembros de la familia, la que por mucho tiempo tuvo una cicatriz en el vientre luego de la cesárea por la cual nací hace 37 años. Es la mujer que trabajó por muchos años en la Autoridad de Energía Eléctrica, donde fue representada bajo el sindicato de la UTIER. En ocasiones apremiantes, retó a familiares y conocidos ante situaciones de injusticia, la que en momentos de desilusión siempre me ha inspirado a echar hacia adelante. Es la persona de mi familia a la que nunca he visto llorar, excepto en el funeral de mi abuela (su madre, la que la quiso regalar cuando chiquita) cuando yo tenía 10 años. Es Idalia Soto Bacó, la que nunca cambió su nombre al casarse, la voz de la razón para muchos de sus allegados, una persona con manías muy de ella y maravillas que emanan de su propio ser.

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Click, scroll down…Fibra, por favor

Estaba por salirme de Facebook y de mis andanzas online casi ahora, cuando de momento me encuentro en la columna a la derecha un “‘Like’ if you drank your Metamucil today”. Claro, no podía darle “like” porque no tomé nada de eso hoy, ni ayer, ni…bueno, nunca lo tomo.
Me gusta consumir fibra, pero de otras formas: cereales, frutas, vegetales, etc, o sea de la fuente misma, sin complicaciones. Hice click en la cuestioncita ésa del anuncio y entré a la página de Metamucil. Scroll down, scroll down…voilà: es un producto de Procter & Gamble.
En el mundo en que hay que “declalarle la guerra” a algo, lo que sea, las grasas (cuando hay grasas saludables como la de las almendras), los carbohidratos (cuando en realidad es reducir la comida procesada pues necesitamos carbohidratos para no solamente tener energía sino para ir regularmente al baño), a lo que sea, es casi como si estuviéramos de vuelta en el tal paraíso aquél en que algo como una manzana se vuelve algo malo, algo con lo que hay que batallar y vencer la tentación de algo simple y saludable, natural e inofensivo.
Pero no…
Es fácil pasar del sentido de pseudo-control–creyendo que si le damos la batalla al nuevo enermigo común (según la propaganda)–a no tener más remedio que optar por recurrir a un producto que, muy probablemente, no hubiera sido necesario si en vez de guerra, hubiéramos ejercido moderación y conciencia con lo que ingerimos.
No niego que haya condiciones que requieran suplementos y medidas mayores. Pero no hace mucho me enteré de que hay chicas de secundaria que prefieren no comer manzanas (tan saludables y tan buenas para todo lo digestivo) porque tienen diz que mucha azúcar y eso las llevaría a “engordar”.
Como dijo en público mi amiga y colega, Pilar Melero, el otro día en una charla: you are not supposed to be thin, you are supposed to be healthy.