Voces Boricuas del Midwest

El lunes 23 de abril, en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee, tuve la oportunidad de participar en una lectura de trabajos creativos junto a Dinorah Cortés-Vélez y el invitado especial, Larry LaFountain.

Desde diciembre de 2011 veníamos planeando el evento, el cual reunió a tres escritores nacidos en Puerto Rico y que han residido en el Midwest por bastantes años ya, Larry en Michigan, Dinorah en Wisconsin, y yo que he vivido en Minnesota y Wisconsin por los últimos 17 años.

Quería que el título del evento más o menos describiera el contexto en que nos movemos y quiénes somos. Sobre la tela de una araña…hacia…El arca de la memoria…lucen…Uñas pintadas de azul. Y así surgió VOCES BORICUAS DEL MIDWEST: A Reading in Spanish.

Dinorah leyó una selección de viñetas de su novela EL ARCA DE LA MEMORIA, la cual lleva el subtítulo de biomitografía en honor a Audre Lorde. La novela de Dinorah fue publicada en 2011 por la Editorial Isla Negra. Entre las viñetas escogidas resaltaron los temas de la perspectiva femenina, los prejuicios culturales en cuanto al género femenino y la desvalorización de éste–como bien se recoge en Chancleta–y las generaciones de mujeres que influyen en el desarrollo de la protagonista en su trayectoria de crecimiento personal.

Por mi parte, escogí leer dos cuentos de SOBRE LA TELA DE UNA ARAÑA, libro digital que fue publicado por la Editorial Quinto Elemento en septiembre 2011. Uno de los cuentos, “Within Reason”, combina varias de las temáticas y tópicos generales de la colección, en particular: la experiencia de la vida urbana, la influencia de la cultura de consumo, la resistencia de un personaje femenino a ser normalizado, el des-aprender valores injustos impuestos por otros y, last but not least, los sueños. El cerdito volador que aparece en el cuento fue una imagen que me llegó en un sueño y que sabía que iba a ser un reto a la hora de transferir el lenguaje onírico al formato de las palabras, pero ese fue el pie para entrar en el cuento. La otra selección que performé, leí y usé como pretexto a mi lectura, se titula “Audición”. Tengo la impresión de que este cuento podría ser muy citado… 😉

Luego, Larry LaFountain presentó un clip de Lola von Miramar leyendo el comienzo del cuento “Uñas pintadas de azul”, lo que sirvió de preámbulo a la lectura del cuento en su totalidad por el autor de UÑAS PINTADAS DE AZUL/ BLUE FINGERNAILS (Bilingual Press, 2009). El cuento es un texto que definitivamente fue escrito para ser leído en voz alta, pues reverbera rítmicamente, llevándonos por laberintos que se bifurcan y se reencuentran entre Nueva York, los olores a hummus y falafel, la celebración de lo árabe en el legado cultural del arca de la memoria boricua y el esmalte azul que colorea la experiencia del protagonista y sus uñas pintadas. Es una joya metonímica y sensorial, que bien puede ser un lindo tributo a la translocalidad santosfebresina.

En el conversatorio con el público se resaltó la oralidad que emana de los textos que escogimos para leer–sin ponernos de acuerdo de antemano–como también el uso de frases y palabras en inglés y el valor que implica incluirlas en narrativas escritas por puertorriqueños, especialmente nosotros que vivimos fuera de la Isla. Comentamos además sobre los diferentes acercamientos a nuestras obras. Nos consideramos autores puertorriqueños. También se nos podría visualizar dentro de la rúbrica US Latino/a, según el contexto en que se nos lea.

Fue todo un placer leer junto a Dinorah y Larry, así como lo fue presentar frente a mi grupo del seminario de Género y resistencia en la literatura latinoamericana. Por primera vez, en este tipo de contexto, me quité el sombrero de profe y me puse el de araña con tela para cortar y contar.

Y me quedé con el gustito. A seguir tejiendo…

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Luna nueva en Tauro

Anoche, a las 2:18 am, CDT, ocurrió la conjunción exacta entre el sol y la luna en Tauro. Me encantan las lunas nuevas y todo su significado, con posibilidades y potencial de iniciar nuevos proyectos. Esta noche hay lluvia de meteoritos hasta la madrugada, así que sin duda es un excelente fin de semana for wishing upon a star.
Blessings to all!

Ah! Enjoy!

Imagine for a minute
that you stopped worrying
that I am
you are
the most beautiful
the smartest
the greatest
and just then
in a matter of seconds

we
allow your self
allow my self
to be in all its majesty!
Imagine
not trying to be
but actually
being!
Enjoy!

Amores, perros, ¿estreñimiento?

La semana pasada, empecé a mostrar la película mexicana Amores Perros (dir, Alejandro González Iñárritu, 2000). Es un filme excelente y quien lo haya visto sabe de la violencia crasa que se representa, desde abuso de género sexual hasta las sangrientas peleas de perros. Esta misma semana, vi en Twitter y Facebook cuando la organización de rescate de animales (sobre todo, perros realengos en Puerto Rico) Save-a-sato informó de una perrita encontrada que había recibido tres impactos de bala (una bala en tres de sus cuatro patitas) y señales de que había sido duramente golpeada. Para añadir a mi consternación, vi en endi.com que un gatito bebé había sido lanzado por un menor desde un segundo piso.
¿Cómo es que la crueldad se vuelve la orden del día?

Mirando de nuevo la película con mi clase de literatura y civilización latinoamericana, no puedo sino notar el innegable substrato de violencia que se desplaza entre las dinámicas de los personajes, lo que apunta a una problemática mayor de fondo: la violencia y crueldad que vivimos en muchos lugares. Es una receta y un síntoma a la vez. Es receta para la despersonalización y la deshumanización cuando todo se vuelve pieza de intercambio. Es síntoma de un fuerte deseo de escapar de las circunstancias de estancamiento que solamente propician la receta ya indicada. Es un patrón de subordinación a la estúpida “ley del más fuerte”; fuerte no en términos de carácter y principios, sino en términos de quién es más gritón, más agresivo, más machote.

En la película, las personas se traicionan unas a otras, sobre todos los hermanos, como Caínes y Abeles que no salen de la trampa de su mito y cuyos personajes parecen intercambiables. Los personajes femeninos, la madre que lo acepta todo, incluyendo la macharranería de sus hijos, es cómplice de mantener el status quo a la vez que no parece tener los mecanismos para contrarrestar el papel de subordinación que se le ha legado. De ell sabemos poco, pero vemos que tiene un calendario con la foto del Papa en la cocina.  Aparece también la joven esposa que soporta maltrato físico y verbal de un marido violento (tanto en la casa como en la calle) y que  termina embarazada una segunda vez, a pesar de los arranques violentos de él. Ella dice que va a ponerle al chiquito que viene el nombre de su esposo, quien llega a una muerte por agresión. Tenemos además a la modelo emblemática de todos los clichés misóginos de la sociedad hipercapitalista, la que se vuelve amante de un hombre casado y con dos hijas, a quienes ella llama tontas y estúpidas, encarnando así la propia misoginia que moldea su cuerpo. Irónicamente, ella sufre un accidente que luego le cuesta una pierna–accidente provocado por la violencia que ya se venía generando con las peleas de perros, pues así se conectan las historias, por medio del accidente. Y así, sin más ni más, su carrera de top model se va alcantarilla abajo.
Claro, la película incluye mucho más que esto y, aparte de lo curel y sangriento, la misma subraya la supervivencia, y en momentos clave, como con El Chivo, el dolor que se ha asentado en lo más profundo de la psique y la compasión incluso para con los animales. También resalta en la película cómo una forma de violencia desata una reacción en cadena, creando un círculo vicioso desde el silenciamiento hasta el truncamiento, con escalas entre gritos, ladridos, heridas de todo tipo y supresión de la personalidad.
Y en el mundo fuera del filme, ¿quién puede dispararle tres veces a una perrita y luego sacudirla a golpizas? La pregunta puede suscitar respuestas que vayan de fuertes palabrotas hasta la imposibilidad de emitir palabra ante evento tan deplorable. En cualquier caso, para hacer algo así, algo tan desalmado, tiene que haber cierto grado de supresión de la personalidad. Recordemos que en algún momento esa persona fue bebé con necesidades y fascinaciones y que es muy posible que un perro, o cualquier otro animalito, le causara interés o incluso ternura al verlo en aquel entonces. ¿Qué pasó entre ese momento y el de agarrar el arma de destrucción?

Es lo que yo llamo estreñimiento emocional. Supresión de emociones humanas: amor, compasión, afinidad; emociones muchas veces obliteradas por la macharranería y el orden patriarcal y misógino, porque se consideran emociones “femeninas” y, por ende, si las muestra un niño o un hombre, eso lo hace maricón. (Como si ser homosexual y/o femenino/a fuera algo malo, pero eso es tema de otro blog y miles de disertaciones doctorales, además de muchas conversaciones y preguntas por formular.) Emociones que son humanas y que no hay razón para rechazarlas. El rechazo es lo que nos crea, de hecho, tanto dolor y crisis y lo que fomenta la crueldad.
No deja de ser preocupante que un menor tire a un gatito de un segundo piso. Los animales no son juguetes. Tampoco lo son las emociones ni la personalidad individual de cada cual.
Amores Perros, aparte de incomodar por las peleas de perros, ha cautivado a mis estudiantes y mañana vermos el final de la película. La discusión será interesante y amena.
Gala, la perrita herida a balas y golpizas, fue rescatada. Fueron muchos los mensajes de solidaridad y compasión hacia ella que se registraron en twitter y Facebook.
Lamentablemente, ella murió en cirugía. El trauma físico venció.
Gala y el gatito. Se nos fueron.

Bueno y…Santo

Hoy vine a caer en cuenta de que mañana es Viernes Santo. Se nota que no vivo en Puerto Rico. Ya hubiera sido fin de semana largo desde el jueves por la tarde para tod@s, creyentes, medio-creyentes y no-creyentes. Y aunque la idea de un wikén largo siempre entusiasma sobre todo cuando somos pequeños, cada vez que se acercaba tal viernes, me ponía trinca al pensar lo que ese largo día conllevaría.
Recuerdo uno de esos días, un viernes, por supuesto, de un abril en la década de los ochenta. Como cada uno de esos viernes, me habían hecho ponerme un vestidito blanco (sólo me era permitido ir de blanco, negro o gris tal día). También me habían hecho visitar varias iglesias y presenciar el via crucis. Era un día de sufrimiento, aunque luego se me ocurriera que mejor sería día de reflexión.
Pero no, era el día en que no se debía comer huevos duros. Eso me había dicho mi abuela, basándose en una anécdota que ella contaba. Decía que una vez, un señor en el pueblo había querido desafiar las tradiciones solemnes del viernes santo y que decidió hervir huevos para desayunar. Pero, al ponerlos en la mesa, cerca de la ventana, entró el viento y se los llevó, literalmente, volando. A mí nunca se me ocurrió desafiar por desafiar. Simplemente, no entendía bien por qué no se podía hacer nada ese día y que el más mínimo asomo de hacer algo sería una gran injuria. Y uno de esos viernes, yo, niña, con el bendito vestidito blanco que no me gustaba en lo absoluto, me había pasado la tarde en casa de mi tía. Y como había otras niñas vecinas por allí, amigas mías en aquel entonces, olvidándonos de los rituales de los mayores, nos pusimos a jugar al esconder y un-dos-tres-pescao.
¡Ah, el mangue que me dio mi mamá! Mi natural incursión al mundo del juego, pues tendría yo 8 o 9 años, era eso: natural. Luego de una mañana haciendo escala en monótonas iglesias con lo que me parecían las mismas señoras–las mismas…vestidas de negro, con la misma mantilla repetida de cabeza en cabeza y los mismos enormes rosarios de madera…¿sería la misma señora con el don de la multi-locación?–luego de todo eso, seguía siendo yo, un viernes por la tarde, olvidándome del sobrio vestidito blanco y el silencio sepulcral que se esperaba de mí, pero que me era ajeno, y al soltar la risa al viento parece que pequé. Por ende, me regañaron.
Cada año, cada vez que se acercaba ese viernes de primavera, me empezaba a poner trinca como cuando me decían que tenía que ir al dentista pronto. Me parecía tan triste, tan pesado y a la vez, tan vacío.
Ahora que vivo fuera de la Isla, se me pasa eso de cuándo es el Good Friday. Es un día normal de trabajo acá.
Pero no por eso no se me antoja como día de reflexión. Sería un Even Better Friday si un día dejáramos de crucificar a Cristo–i.e., si dejáramos de manipular a otras personas/abusar de los recursos naturales/ignorar la compasión/ validar en palabras y acciones el sometimiento de la mujer al orden patriarcal/menospreciar a los animales, etc. Si dejáramos atrás todas estas manías y malas costumbres, dejaríamos de crucificar a Cristo y de crucificarnos a nosotr@s mism@s.
Cristo murió por nosotros, dicen muchos y muchos piensan que fue para tirarnos la toalla por los pecados ya cometidos y por cometer.
Pero, si fuera día de reflexión y no de interminable sufrimiento, podríamos considerar que murió *por* nosotros en el sentido de “a causa de” los prejuicios contra lo diferente: quien muestra compasión y quiere no solamente cambiar las cosas para mejorarlas sino que a su vez encarna lo que propone. ¿Por qué lo crucificaron? Porque se atrevió a no crucificar a los demás…

Buen momento para escuchar mi canción favorita de John Lennon…”Imagine”…